
La Casa Bofarull deels Pallaresos, obra de Josep Maria Jujol. Foto: Cedida
Jujol falleció el día 1 de mayo de 1949, hace 75 años.
Hay dos cosas que perduran, lo que dejó hecho o construido, diremos las cosas, y lo que de él podemos aprender, llamaremos las lecciones.
Cosas, edificios, objetos, artefactos, ingenios que pensó, diseñar y, algunos aun los hizo o pintar, ésta es la herencia física de Jujol. Son desde edificios públicos a barandillas o lámparas en casas particulares, pasando por fuentes, custodias y muchas intervenciones en iglesias. Muchas de estas cosas han llegado bastante maltratadas a día de hoy, apenas ha habido media docena de personas que han sabido cuidar de ellas a lo largo de estos años, unos por desconocimiento, otros por torpe o mala fe (digámoslo en términos tradicionales), los han desgraciado. Han hecho que lo de jujuliano que tenían haya desaparecido.

Roger Miralles
Si no ha sido mala fe ha sido desconocimiento lo que le han hecho en la iglesia que Jujol y el pueblo de Montferri empezaron a construir como la iglesia de Montserrat en Campo de Tarragona. Coger una ruina, un inicio de construcción y tener la soberbia de terminarla como pensaban, desde una vertiente gaudiniana, que la habría terminado Jujol es, al menos, desconocimiento. Éste ha sido el gran problema que ha tenido Jujol que muchos se han atrevido a intervenir pensando que era un pequeño Gaudí. Jujol no es Gaudí ni podemos considerarlo modernista, por eso no podemos tratarlo en estos términos, los que lo hacen, se equivocan.
Sin embargo, algunos edificios, resisten. Cómo tratar mejor una obra que interpretándola desde el conocimiento de cómo hacía la arquitectura. Para entender que significa intervenir en un edificio de Jujol miren lo que se ha hecho en Creixell, cómo se ha tratado de bien lo que quedaba y cómo se ha intentado con la intervención devolverle su razón de ser. ¿Este proyecto habría podido acabarse como la iglesia de Montserrat? ese seno, porque ha sabido interpretar a Jujol como un arquitecto con un mundo propio no como un discípulo de Gaudí o un modernista más.
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Las lecciones.escuela de arquitecturaCuando enseñamos el oficio, tratamos de explicar las cuestiones de arquitectura que creemos que son relevantes para hacer arquitectura. La carrera, desde hace mucho tiempo, se divide en unas materias humanísticas y otras técnicas. Ninguna lección que se pueda aprender mirando a Jujol es académicamente relevante desde el punto de vista técnico: ni en estructuras era un maestro (a pesar de la capacidad que tenía para entender el espacio, la estructura es usada al servicio del proyecto y no ostentando), ni en instalaciones ni en construcción era innovador (seguía una tradición aprendida que daba servicio a la construcción, una tradición que era). La decoración parece haber desaparecido del programa arquitectónico actual, por tanto de esto, en las escuelas de arquitectura de nuestro entorno se habla más bien poco. Desde el punto de vista humanístico Jujol es relevante pero no desde un punto de vista únicamente teológico como algunos han querido interpretarlo, no desde el punto de vista histórico, Jujol no cae bien en ninguna categoría histórica por la época en la que vivió.
Porque, pues, al mirar la arquitectura de Jujol ¿nos sentimos atraídos como algo contemporáneo? Por todo lo que no sabemos enseñar de la arquitectura, todo lo que no hablamos de la arquitectura pero que sabemos que es relevante, es difícil ponerle nombre, pero enumero algunas: cuál es la base formal de los proyectos, cuál es la manera de combinar los colores, cómo nos podemos relacionar con la tradición, cómo de los materiales más vulgares se pueden hacer cosas valiosas, etc. otras, son las lecciones Jujol enseña. Recuerdo, escribiendo estas líneas sobre Jujol, las palabras deAlejandro de la Sota cuando hablaba de sus maestros modernos, que no había conocido en persona, y decía que se sabían “honrosos huérfanos llenos de posibilidades con su recuerdo”, así hoy podemos recordar lo que Jujol, que ya casi nadie recuerda en vida, nos enseñó. Podemos tener el honor de ser sus huérfanos llenos de posibilidades recordando su arquitectura.
Las celebraciones son pasajeras y poco relevantes, no usamos los 75 años para comprar un pastel para Jujol, usémoslo para empezar a valorar lo que nos dejó como contenidos arquitectónicos y lo que nos dejó materialmente, las lecciones las podemos recuperar y las cosas podríamos intentar no maltratarlas.
Roger Miralles es arquitecto y director de la Escuela Superior de Arquitectura de Reus

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