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Mas Blanch y Jové no es sólo una empresa: es una parte de nuestra vida. Foto: Cedida

Mas Blanch i Jové es una propuesta singular de enoturismo en las tierras de Lleida. Foto: Cedida

En Les Garrigues Altes el vino se casa pisando territorio, contemplando la naturaleza y descubriendo el arte.

A pies de la sierra de la Llena y colindante con la comarca del Priorat, encontramos Mas Blanch y Jové, una bodega situada en La Pobla de Cérvoles, que produce vinos ecológicos y auténticos y que hace dos décadas crearon Joan Jové y Sara Balasch.

Coincidiendo con esta significativa efeméride, conversamos con Sara Jové, gerente de la bodega para profundizar en cómo el proyecto ideado por sus padres ha crecido de tal modo hasta convertirse en una propuesta singular de enoturismo en las tierras de Lleida.

Sara, 20 años de Mas Blanch y Jové, ¿qué connotación le provoca este número a nivel familiar?

En primer lugar, se me hace muy raro pensar que ya han pasado veinte años. Parece mentira. A nivel familiar es una cifra que nos emociona mucho, porque detrás de estos veinte años hay mucho trabajo, mucho riesgo, mucha perseverancia y también mucho cariño por la tierra. Para mí ha sido un privilegio crecer dentro de este proyecto y poder trabajar con él. Al final, Mas Blanch i Jové no es sólo una empresa: es una parte de nuestra vida, de nuestra forma de entender el paisaje, el vino y también el territorio. Y poder involucrarnos, arraigar y tener un impacto positivo.

Sara Jové, gerente de la bodega ubicada en La Pobla de Cérvoles. Foto: Cedida

Sara Jové, gerente de la bodega ubicada en La Pobla de Cérvoles. Foto: Cedida

Es mucho más que una bodega, ahora bien, si ponemos el foco en la evolución de sus vinos de un inicio al momento actual, ¿qué análisis haces?

Creo que se ha producido una evolución natural. Al principio había mucha intuición, mucha ilusión y muchas ganas de hacer vinos honestos que hablaran del lugar del que venimos. Con los años hemos ido afinando más la mirada, conociendo mejor nuestros viñedos, entendiendo mejor cada parcela, cada variedad y cada añada. Jugando y aprendiendo, arriesgando y ampliando. Mejorando procesos. Pero la esencia sigue siendo la misma: hacer vinos ecológicos, de montaña, con alma y con identidad propia, a partir de las uvas de nuestras 25 hectáreas vendimiadas a mano.

¿Cuál es la producción total de botellas que ha realizado durante todos estos años? Y aunque soy consciente de que esto es como preguntar aquello de 'si quieres más a papá o mamá', ¿tienes algún vino preferido de toda su gama?

Si hacemos una estimación a partir del volumen actual, que es de unas 65.000 botellas anuales, estaríamos hablando de más de un millón de botellas a lo largo de estas dos décadas, aunque evidentemente ha habido años diferentes, con cosechas complicadas y en las que la producción ha caído de forma considerable.

Y sobre si tengo un vino favorito… es una pregunta muy difícil. Cada vino tiene su momento. Pero sí es verdad que hay vinos que te tocan especialmente porque representan muy bien a quienes somos. A mí me emocionan especialmente los vinos que expresan con mayor nitidez el paisaje de Les Garrigues, esta mezcla de finura, rusticidad elegante, frescura y profundidad que da la montaña. Diría que mi preferido es el Saó Expressiu, que sólo lo hacemos en las mejores añadas.

Exposición de vinos justo en la entrada de la bodega. Foto: Cedida

Exposición de vinos justo en la entrada de la bodega. Foto: Cedida

Mas Blanch i Jové pertenece a la DO Costers del Segre, según tu criterio Sara, ¿qué le juega a favor el hecho de pertenecer a esta denominación de origen y qué mejorar?

Para nosotros formar parte de la DO Costers del Segre es importante porque da contexto, da arraigo y también ayuda a explicar que aquí, en las tierras de Lleida, se hacen vinos muy singulares. Nuestra subzona, Les Garrigues, tiene unas condiciones muy especiales: altura, baja pluviometría, mucha insolación y un salto térmico importante entre el día y la noche. Y, además, nosotros tenemos un terreno muy pedregoso. Todo esto marca mucho el carácter de los vinos.

¿Qué mejorar? Quizás aún debemos seguir explicando mejor, entre todos, la personalidad y la riqueza de este territorio. Costers del Segre tiene una gran diversidad, y esto puede ser una fortaleza, pero también nos obliga a hacer mucha pedagogía para que el consumidor entienda bien lo que significa un vino de Costers del Segre, qué se van a encontrar.

Anteriormente hacía referencia a que su actividad va mucho más allá de producir vino en La Pobla de Cérvoles. En su caso el enoturismo le ha llevado a otro nivel. La Viña de los Artistas, un auténtico museo al aire libre. ¿Cómo surgió todo esto?

La Viña de los Artistas es fruto de una confluencia de casualidades. Surgió a partir de la relación con Josep Guinovart, que conectó profundamente con el proyecto y este paisaje. La idea fue suya, y nosotros tuvimos la locura -en el mejor sentido- de hacerla posible. Queríamos que el vino dialogara con algo más, que el visitante no sólo catara, sino que sintiera, caminara, mirara y recordara.

Hay que decir que La Vinya dels Artistes no sería posible sin mi padre. Él es el herrero con más de 50 años de oficio a sus espaldas, es el artesano detrás de los artistas. Es lo que ha soldado, construido, montado, y hecho realidad los esbozos y las ideas de los artistas. Sin su creatividad, su oficio y sus manos, este proyecto no hubiera sido posible: no pudiéramos pagarlo.

La Vinya dels Artistes se inauguró en 2009 y desde entonces se ha convertido en un itinerario lleno de belleza natural, un espacio abierto donde el arte convive entre cepas y olivos.

La Vinya dels Artistes es un espacio idílico en Mas Blanch i Jové. Foto: Cedida

La Vinya dels Artistes es un espacio idílico en Mas Blanch i Jové. Foto: Cedida

¿Tiene un sello propio con unos viñedos donde los artistas dejan huella, lo importante que es la satisfacción a nivel familiar de ver lo que está creando?

Es inmensamente importante. Cuando ves que lo que empezó como una intuición familiar ha ido tomando cuerpo y hoy es un proyecto que la gente siente como único, existe una satisfacción muy profunda. No tanto desde el punto de vista de “mira lo que hemos hecho”, sino desde el punto de vista de ver que has contribuido a crear algo con sentido, con alma, que deja huella en el territorio y que puede emocionar a los demás. Esto nos llena mucho.

Cabe apuntar también que en la bodega se pueden probar sus vinos y sumar los alimentos de proximidad de Les Garrigues. Buena manera de hacer territorio, ¿verdad?

Sí, absolutamente. Para nosotros, hacer vino no es una actividad aislada. Formamos parte de un ecosistema rural muy rico, y tiene todo el sentido de que la experiencia en bodega vaya acompañada de los productos de nuestro entorno. En las propuestas de enoturismo incorporamos aceites de oliva virgen extra, pan, frutos secos, embutidos, quesos y otros alimentos de proximidad, porque creemos que explicar el territorio es también explicar sus sabores. La comida (y aquí incluyo el vino) es cultura.

La atmósfera de la bodega y su decoración es encantadora. Foto: Cedida

La atmósfera de la bodega y su decoración es encantadora. Foto: Cedida

Además, en medio de La Pobla de Cérvoles dispone de la casa rural Cinc Sons. Un magnífico alojamiento para un máximo de 10 personas. ¿Qué tal te está funcionando?

Estamos muy contentos. Cinco Sonidos nos permite completar la experiencia y ofrecer una forma aún más pausada de vivir el proyecto. Es una casa para 10 personas, con cinco habitaciones dobles con baño privado, y está pensada para que la gente no sólo venga a realizar una visita, sino que pueda quedarse, desconectar y descubrir la zona con calma. Además, tiene un lenguaje arquitectónico muy especial, porque la reforma de Raúl Sánchez se inspiró precisamente en La Vinya dels Artistes.

En Cinc Sons como en bodega, todo es apto para niños como para mascotas. ¿Note que esto es un pulso de atracción para impulsar el enoturismo?

Sí, lo notamos. Cada vez hay más gente que busca experiencias auténticas pero también cómodas e inclusivas, donde pueda venir toda la familia y todos puedan disfrutar. El hecho de que los niños sean bienvenidos y que también aceptamos mascotas en la casa ayuda muchísimo, porque elimina barreras y hace que la experiencia sea más amable. Al final, queremos que la gente se sienta como en casa y que pueda disfrutar del vino, la naturaleza y el arte sin rigideces.

La Casa Rural Cinco Sonidos situada en medio del pueblo. Foto: Cedida

La Casa Rural Cinco Sonidos situada en medio del pueblo. Foto: Cedida

Dos últimas preguntas para terminar. Llevamos sólo un trimestre de este año tan especial para ustedes. Quedan 9 meses por delante, ¿hay alguna fecha o actividad especialmente significativa que haya que anotar en el calendario?

Sí, siempre intentamos que el calendario esté vivo. La Viña de los Artistas sigue siendo un espacio muy activo culturalmente, con exposiciones, conciertos y actividades especiales. Este 2026, por ejemplo, el año se ha abierto con una nueva propuesta fotográfica en La Vinya dels Artistes con aves rapaces y nocturnas de Antonio Segura y en marzo ha programado un concierto y exposición de Joanjo Bosk con cata de vinos. Estamos también empezando a montar la fiesta de celebración del aniversario para el 27 de junio. Queremos realizar una fiesta de cumpleaños poética, divertida y memorable, abierta a todo el mundo. ¡Y eso sólo son las propuestas del primer semestre!

Por tanto, será un año para celebrar, pero sobre todo para continuar compartiendo el proyecto con la gente.

La última, en 2031 seguro que también celebrará su primer cuarto de siglo de vida. A nivel de proyecto, ¿qué le gustaría convertir en realidad en los próximos 5 años?

Estamos innovando, apostando más por variedades que nos emocionan. Ahora estamos haciendo la crianza de nuestra primera garnacha peluda, estamos invirtiendo y probando distintos tipos de recipientes (vidrio, foudre…).

Además, el próximo año plantaremos 2 hectáreas más de Trobat, una variedad autóctona de Lleida que tiene identidad y que me gusta mucho a nivel aromático, que ya trabajaban mis bisabuelos y que vemos que funciona muy bien en situación de estrés hídrico y altas temperaturas.

También esperamos que los proyectos de ampliación del Canal Segarra Garrigues y Garrigues Sud que se están proyectando se hagan realidad y no tengamos que depender tanto de las aguas de lluvia (ahora mismo tenemos varias balsas, pozos, fuentes, pero si no llueve no tienen agua).

En definitiva, me gustaría que dentro de cinco años hubiéramos consolidado aún más esta idea de proyecto global: una bodega que hace vinos cada vez mejores y más personales, una Viña de los Artistas viva e inquieta, una experiencia enoturística aún más cuidada y un vínculo aún más fuerte con el territorio.

También me gustaría seguir profundizando en la sostenibilidad, en la singularidad de nuestros viñedos de montaña y en la capacidad de hacer que la gente, cuando nos visite, entienda que aquí no sólo viene a degustar vino: viene a vivir un paisaje, una cultura y una forma de hacer.

 

Helder Moya